Mi amiga, la profesora de inglés, se está dejando retratar. No es tarea fácil posar y quedarse quieto durante un buen rato. Cuando yo era estudiante en Bellas Artes un modelo mayor que posaba magníficamente bien nos comentó que se iba todos los días un par de horas a remar al Retiro, decía que este ejercicio le desuntemecía los músculos y le permitía poder aguantar las horas seguidas que requería su profesión. A mi amiga le costaba callar y si no hablaba con la boca, lo hacía con los ojos.
Su ojo derecho es levemente menor que el izquierdo y más triste. Parece que tuviera ahí su parcela de tristeza, sin permitirse ni un espacio más.
Mirar un ojo triste es meterse en un pozo, es insondable y duro aguantar mirando un ojo así, no es que dé miedo, es que no se puede consolar.
¿He dicho alguna vez que la sensibilidad se le escapa a las personas por la nariz?, y es que
las aletas son dos alas de ave imaginada, paredes sutilísimas que apenas sujetan el movimiento del alma. No exagero, de verdad que habla y dice aquello que la boca calla y que los ojos esconden. Mi amiga tiene una nariz sensible, pequeña y fina, recta y clavada en el rostro. Forma dos surcos profundos al unirse con las cejas y estofabrica un mirar más oscuro, más allá.
La boca es esquemática, pequeña y bastante plana, concentra el tesón y el trabajo, la fuerza de voluntad en el labio inferior levemente adelantado; sin caer en la tozudez o en la tosquedadpodría decirse que ahí está su resistencia, la potencia y la fuerza.
La herramienta hace a la mano y acaba deformándola. Si recordamos cómo varía la mano de un pelotari al correr de los años, cómo se ha curvado y adquirido la forma exacta de la pelota, cómo se hunde y se adapta el cuenco de la palma, el meñique torcido, los dedos encorvados, la carne dura y gorda, no nos debe llamar la atención que los labios se formen con el apretar de los dientes, con las canciones de nana a nuestros hijos, con la sonrisa enamorada y con el habla de otra lengua y de la propia.
El rostro guarda un mohín de niña asustada, habrá que hacerla reir más a menudo.
servido por merblac
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